domingo, 22 de noviembre de 2009

Llamamiento a las Mujeres de la Clase Trabajadora

Llamamiento a las Mujeres de la Clase Trabajadora de Costa Rica

Compañeras:

No se trata de que la mujer haga a un lado, como cosa de poco valor, su papel de madre, para dedicarse a la política. Se trata más bien de que la mujer ennoblezca la maternidad. Es preciso que los hijos que se tengan, sean sanos y vivan con dignidad en todos los momentos.
En la sociedad capitalista son pocas las criaturas que tienen la oportunidad de venir al mundo con salud y de desarrollarse con dignidad. Son millones los niños que nacen entre la miseria y crecen retorcidos y exprimidos por la miseria.
Mujeres de Costa Rica de la clase Trabajadora: ¿Habéis pensado alguna ves en los miles de recién nacidos que en torno nuestro mueren de gastroenteritis, porque la madre no tiene leche ni puede comprarla? ¿En la gran cantidad de chiquillos que crecen con los huesitos de las piernas deformados por el raquitismo a causa de la mala alimentación? Dicen que en Tres Ríos -lugar en donde cuatro ricos se dividen la tierra para cultivar café- es uno de los lugares en donde hay más mortalidad infantil producida por la gastroenteritis, que viene de la falta de leche en la alimentación. Esos cuatro ricos se embolsan toda la ganancia y a los peones no les alcanza para comprar leche a sus hijos.
Mujeres costarricenses de la clase trabajadora: cuentan que en la pasada Noche Buena entraron en la caja del Gran Hotel Costa Rica alrededor de veinticinco mil colones en cenas y vinos. Entre tanto en los barrios bajos de la ciudad, en muchas casas no tenían un cinco con qué conseguir un palo de leña para encender el fuego.

De como viven las mujeres burguesas y las de la clase trabajadora

Hay damas que pueden comprar piyamas de seda de cien colones y medias de veinticinco colones el par y miñecas artísticas y animales de peluche para colocar sobre las camas y abrigos de quinientos y mil colones cubiertos de pieles como para habitantes del Labrador o de Groenlandia; y alhajas valiosísimas y quince pares de zapatos y un número incontable de trajes. Mujeres que se pasan el día dándose lustre a las uñas, quitándose pelos de las cejas, haciendo ejercicios para no engordar y perder la línea, hablando de los besos de las estrellas del cine y de trajes y sombreros.
Y hay mujeres que andan descalzas o con los dedos de fuera y para salir se ven obligadas a pedir prestadas a la vecina una toalla y unas medias; y no tienen segundo vestido que ponerse y de noche se abrigan con una cobija llena de remiendos o con un pedazo de yute; criaturas que trabajan en las cogidas de café o en las escogidas o en las imprentas; en las fábricas de cerveza, empapadas desde las seis y media de la mañana hasta las cinco de la tarde, expuestas a herirse a cada paso y hasta a perder un ojo si estalla una botella; en las fábricas de breva y cigarrillos teniendo que remojar hasta mil quinientas libras de tabaco y de pie en charcos de una solución que les destroza el calzado; en las tiendas corre de aquí y corre de allá -todo el santo día- estén como estuvieren , agachándose, haciendo que buscan o arreglan algo en la parte baja de un estante para descansar unos segundos cuando ya no aguantan; pegadas de la máquina haciendo ropa interior fina a real el vestido o pantalones a tres colones la docena, o camisas de hombre a un colón y medio la docena; pegadas de la batea o de la plancha... u obligadas a prostituirse. Bueno, si el trabajo estuviera siquiera bien pagado! Pero cuando les va muy bien a los más que les sale el día es a dos colones.

El voto de las mujeres

Compañeras, hay que empeñarse con todas las fuerzas por cambiar este estado de cosas. No vale la pena trabajar por conseguir el voto de la mujer. ¿Qué cambio hondo, trascendental, habría en la vida de Costa Rica si las mujeres pudiéramos votar por don Ricardo Jiménez, Manuel Castro Quesada, Max Koberg o Carlos María Jiménez? Las cosas seguirán como están porque ninguno de esos señores se atrevería a echar abajo las prerrogativas del capital el cual tiene arregladas las cosas de tal manera, que mientras unas mujeres pueden estarse arrancando pelos de las cejas o haciéndose masajes para no engordar, otras tengan que estar paradas en charcos o dobladas lavando o cosiendo. Cada partido está sostenido por gente de plata, y si estas gentes arriesgan grandes sumas, no es por la linda cara del candidato, sino porque ven la posibilidad de ganarse el ciento por ciento en el juego de la política. Cada capitalista quiere llevar al gobierno a hombres que le permitan hacer buenos negocios.
Las mujeres de la clase trabajadora del mundo entero debemos esforzarnos por derrumbar la podrida estructura económica de la sociedad capitalista y no por sostenerla.
Eso del feminismo es un absurdo. ¿Por qué las mujeres han de formar un grupo aparte y colocarse en actitud hostil ante los hombres? La humanidad se compone de hombres y de mujeres, y es a los hombres y a las mujeres de la clase trabajadora oprimida por la riqueza de unos pocos, a quienes les toca luchar unidos para volver habitable esta tierra, para que las generaciones futuras no tengan que vivir en un mundo tan cruel como éste en que nos ha tocado vivir a nosotros.

El Comunismo

De todas las agrupaciones que se empeñan por destruir este régimen, cuyo eje es la ganancia, sea como sea, el comunismo es el único que no quiere hacer convenios con el capitalismo. No es cierto que los comunistas querramos arrebatar los bienes a quienes los tienen para adueñarnos de ellos y disfrutarlos. Esto sería cambiar de lugar al mal. Lo que los comunistas queremos es que no haya dos clases: la de los explotadores y explotados, sino una sola clase: la clase de los que trabajan. Que no haya unos que lo tienen todo y otros que no tienen nada.
No es cierto tampoco que los comunistas estemos contra la Iglesia Católica o la Protestante, ni que en Rusia no hay libertad de cultos. El artículo 3° de un Decreto que considera las relaciones de la Iglesia y el Estado, publicado por el gobierno soviético el 23 de enero de 1918 dice:
“Todo ciudadano es libre de profesar la religión que le parezca o de no profesar ninguna”.
Ninguna Iglesia tendrá nada que temer del comunismo si está con la justicia, si opone su poder a la explotación de los trabajadores por el régimen capitalista.
Compañeras: la gente que cree en Dios debería respetar la vida como a una obra de Dios; y no respeta la vida quien explota a sus semejantes para enriquecerse o permite que otros los exploten.
Mentira es eso de que la miseria la manda Dios. Eso lo han inventado los explotadores para explotar a otros hombres sin molestia alguna. La miseria es el más ruin de los pecados.
La tierra es de todos. Pero ha habido unos hombres más fuertes que otros, y aquellos se aprovecharon de la debilidad y buena fe de estos.
Mentira también que el ahorro haya tenido una gran importancia en la creación de las grandes fortunas que hay en el mundo en este tiempo. Esa es una invención de los burgueses. La base del capitalismo industrial es la esclavitud. Cuando los europeos descubrieron las minas de oro y plata en América, redujeron a las esclavitud a los indios y los obligaron a hundirse en las entrañas de la tierra a sacarles el metal. Luego cogieron negros de África, y el África se convirtió en un inmenso campo de caza, pero de caza humana. En vez de animales cazaban negros y los vendían como bestias de carga. Países sumamente civilizados como Francia, Inglaterra, Alemania y España, traficaban y trafican todavía con negros. Los franceses vendías los negros que compraban en África por diez veces su valor.
Compañeras, hay que destruir entonces el régimen capitalista que desde la base hasta la cima, no es sino explotación del hombre por el hombre.
El derecho de todos los seres humanos a vivir noblemente no se conseguirá con la resignación. Es muy cómodo para quienes tienen su mesa bien servida y nadan en la comodidad, recetar la resignación a los pobres. Si de verdad la pobreza fuera camino seguro para ir al cielo, estamos seguros de que ya los obispos, cardenales y demás gentes de alta categoría de la Iglesia Católica la habrían tomado.
(Por pobreza entendemos no tener con que alimentar y abrigar bien el cuerpo. La miseria es el rabo de la pobreza). Nada de resignación compañeras. Pongamos toda nuestra energía en el esfuerzo que para echar al suelo el sistema capitalista, hacen en este momento los trabajadores del mundo.
Ved, compañeras, a lo que los capitalistas de El Salvador han obligado a los trabajadores: a lanzarse a la revolución, pobremente armados, para ser barridos por las ametralladoras de los ejércitos mantenidos por estos mismos capitalistas.
Pensad en los miles de pobres trabajadores asesinados por el gobierno y los ricos de El Salvador.
Invitamos a todas las mujeres de la clase trabajadora y a aquellas dispuestas a no resignarse con el actual estado económico del mundo, a nuestras reuniones, en el saloncito que el Partido Comunista de San José tiene abierto frente a la Escuela Porfirio Brenes, 150 varas al Oeste del Parquecito de la Dolorosa. El local es humilde porque lo paga un grupo de gentes muy pobres. También hacemos saber que en nuestrass filas no hay un sólo personaje influyente ni intelectuales de renombre. Los primeros están muy ocupados en sus propios y lucrativos enredos y los segundos en sus versos y demás composiciones literarias.
Las reuniones se hacen los días lunes, jueves y sábado a las siete de la noche.

Carmen Lyra, 1933